Crucero General Belgrano: la historia del enfermero que intentó salvar a todos

El 2 de mayo de 1982 el inesperado ataque al crucero Belgrano cambió el rumbo de la Guerra de Malvinas. El buque había zarpado el 16 de abril desde Ushuaia con una tripulación de 1093 hombres hacia el teatro de operaciones del Atlántico Sur.

El suboficial Nieva cumplía funciones como encargado de la farmacia y cubriendo las guardias de la enfermería, recuerda las sensaciones que tuvo por entonces: ”Todos los días me adiestraba para la guerra y todos los días rezaba para que no hubiera guerra”.

El 1 de mayo El ARA General Belgrano junto a los destructores Bouchard y Piedrabuena reciben la orden de encabezar el brazo sur de un ataque en pinza sobre la flota Inglesa apostada al este de las Islas.

Otros buques argentinos, entre los que se encontraba el portaviones 25 de Mayo, conformaron el brazo norte. Se vivían momentos de tensión e incertidumbre entre la tripulación mientras se acercaban a los barcos enemigos, según rememora Nieva.

A las 5.30 del 2 de mayo, a poco de cumplirse el plazo que estipulaba la consigna de ataque, reciben la orden de suspender la incursión hacia la flota inglesa y desplegarse a una zona de espera. Para ese entonces ya habían sido detectados por el submarino Conqueror.

Pasado un minuto de las 16:00 y a pesar de estar fuera del área de exclusión, el submarino atómico disparó dos torpedos de manera casi simultánea impactando contra el ARA General Belgrano provocando enormes daños y su posterior hundimiento.

Infierno en la enfermería

El suboficial Bernabé Nicolás Nieva, que en ese momento se preparaba para dejar la guardia en la enfermería, cuenta que mientras estaba controlando los signos vitales a unos de los pacientes, fueron sorprendidos por la primera explosión del torpedo que impactó en la sala de máquinas, los sistemas de energía se cortaron y el buque quedó en total oscuridad.

Casi inmediatamente, el segundo torpedo destrozó parte de la proa, a 20 metros de donde se encontraba junto a los pacientes internados. La onda expansiva levantó del piso al enfermero arrojándolo contra los mamparos. Al recobrar la consciencia, decidió que antes que salvar su vida, debía sacar inmediatamente a los tres pacientes que permanecían con vida entre los hierros retorcidos de la. La tarea parecía imposible y requeriría un esfuerzo titánico.

Estaban a tres cubiertas debajo de la exterior, rodeados de absoluta oscuridad, el petróleo de los tanques perforados se estaba filtrando al interior, había focos de incendios en varios sectores y el barco que se estaba hundiendo con una inclinación hacia babor con incidencia de popa.

Hasta el último hombre

Recordando los entrenamientos, Nieva alcanzó a tientas una linterna y comenzó las tareas para rescatar a los internados. Cargó al primer hombre en sus hombros, subió las tres cubiertas atravesando los obstáculos de un barco hundiéndose que acababa de ser torpedeado y logró llevarlo a salvo hasta la principal. No dudó en descender al mismo infierno mientras el buque continuaba sumergiéndose.

Regresó para sacar también en andas al segundo de los pacientes y lo llevó al exterior. Desde la cubierta superior podía notarse que en el interior del barco el fuego era cada vez más intenso, el aire imposible de respirar y los hierros ya tomaban temperatura por las llamas que se habían extendido. Sin embargo, el enfermero fue por el tercero de los internados al que encontró a medio camino llevando su propio suero, antes que se desvanezca lo pudo ayudar y ambos subieron a hasta el exterior.

El comandante hacía varios minutos que había dado la orden de evacuar, pero el enfermero suboficial Nieva continuó ejerciendo sus tareas de asistencia y curaciones en la cubierta del barco, que lentamente iba desapareciendo en el mar. Bajo una lluvia de aguanieve atendía a los heridos más graves.

Algunos miembros de la tripulación armaron un cordón humano para evitar que más hombres cayeran al mar por la inclinación del buque y los movimientos provocados por las fuertes olas.

Finalmente, 15 minutos antes de que el barco termine de colapsar, recibieron la orden de abandonar el crucero Belgrano. Lejos de haber terminado el horror, comenzó la parte más complicada en la lucha por mantenerse con vida.

Supervivencia en una balsa a la deriva

Nieva recuerda lo complejo que fue acceder a las balsas bajo las condiciones del barco yéndose a pique en medio de un temporal con olas de 15 metros. Como su ambo estaba cubierto de petróleo se lo quitó junto al calzado y quedó en ropa interior. Parado en la cubierta totalmente inclinada, divisó una balsa que era sacudida por el fuerte oleaje.

Se encomendó a Dios sabiendo que si caía a las heladas aguas solo podría permanecer con vida 5 minutos. Se arrojó al techo de la embarcación de rescate, inmediatamente le abrieron y se puso a resguardo en el interior.

Los que lograron sobrevivir observaron en silencio al Crucero General Belgrano sumergirse finalmente en las profundidades del atlántico. Por unos instantes solo quedó el viento y las olas golpeando hasta que de algunas de las balsas se escuchó el grito de los tripulantes “Viva la patria, viva el Belgrano”.

Dentro de la balsa los invadió la tristeza y la impotencia por la pérdida del buque y de tantos compañeros, entre todos se dieron fuerza para superar la angustia y sobrevivir.

Vivieron momentos de incertidumbre, se juntan para darse calor. El Suboficial Nieva usó sus conocimientos como enfermero para preservar la vida de sus compañeros, utilizando todo tipo de estrategias para evitar el congelamiento de miembros y conservar el calor corporal. Flotaron sin rumbo ni propulsión por 60 horas. Arrastrado por ráfagas de viento de tal intensidad que cuando fueron rescatados por el ARA Gurruchaga se encontraban a más de 100 kilómetros del lugar del hundimiento.

323 personas murieron en el ataque al crucero ARA General Belgrano, la mitad de todos los caídos durante la Guerra de Malvinas. El primer golpe que hizo entender a la sociedad Argentina de las dificultades de la guerra en el Atlántico sur. Uno de los momentos más tristes de la historia de nuestro país, pero siempre con la presencia de héroes como el suboficial Bernabé Nicolás Nieva que puso todo de sí para salvar hasta el último hombre.

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“En la era de la información, la ignorancia es una opción”

Dr. Joe Dispenza

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