El coronel retirado del Ejército Argentino Horacio Sánchez Mariño, veterano de la Guerra de Malvinas, compartió un testimonio íntimo sobre sus vivencias durante el conflicto de 1982, el impacto emocional que le dejó la guerra y el rol del miedo como herramienta clave de supervivencia en combate.
Durante una emisión junto a su hijo Joaquín —periodista y corresponsal de guerra— explicó que el miedo no desaparece en una situación límite. “El miedo me ayudaba a estar atento, enfocado y centrado”, señaló. Según explicó, perder ese temor puede llevar a la temeridad, algo extremadamente peligroso en un escenario bélico.
Un llamado inesperado y la guerra en las islas
Con apenas 25 años, Sánchez Mariño fue movilizado a las Islas Malvinas el 5 de abril de 1982, tras escuchar por radio la noticia de la recuperación argentina del archipiélago. Aquella convocatoria marcó su vida para siempre.
En un principio, sus vuelos fueron misiones logísticas. Sin embargo, tras el primer ataque británico del 1° de mayo, las operaciones se transformaron en vuelos de combate bajo fuego enemigo. Cada misión implicaba riesgo extremo y máxima concentración.
Recuerdos duros y pérdidas irreparables
El veterano reflexionó sobre las secuelas humanas del conflicto y recordó a camaradas que no lograron sobreponerse a las heridas invisibles de la guerra. Entre ellos mencionó a su amigo Marcos Fazio, cuya muerte dejó una huella profunda en su memoria.
La vuelta a la Argentina y la falta de reconocimiento
Al regresar al país, enfrentó un contexto social adverso. Muchos veteranos, explicó, volvieron a una sociedad que no estaba preparada para recibirlos ni acompañarlos. La falta de reconocimiento y apoyo estatal fue una constante durante años.
“La mayoría de los veteranos no están bien reconocidos”, sostuvo, al tiempo que destacó la necesidad de mantener viva la memoria y el respeto hacia quienes combatieron.
La resiliencia de un aviador
A pesar de las secuelas emocionales, Sánchez Mariño continuó volando hasta 2004. Nunca abandonó su vocación por la aviación, demostrando que el miedo —lejos de paralizarlo— fue una herramienta que lo ayudó a sobrevivir y cumplir su misión.
