“Hice la promesa de devolverle la identidad a mi hijo y cumplí”

El viento helado del cementerio de Darwin rozaba las mejillas de una madre que luego de 36 años de espera, puede despedirse de su hijo caído en la batalla final de la Guerra de Malvinas, el 14 de junio de 1982.

Raquel García con su hijo menor Diego, en la visita al cementerio de Darwin.

El lunes 26 de marzo, Raquel Beatriz García (82) dejaba atrás aquellos largos años de incertidumbre, cuando en su viaje anterior en el 2009 miraba las tumbas de los héroes argentinos, pero ninguna llevaba el nombre de Daniel Alberto Ugalde, que apenas tenía 20 años cuando defendió al país. Se puso frente a la lápida y comenzó a cerrar su herida.

Mirá también

Conmovedores testimonios de los familiares que viajaron a Malvinas a homenajear a los ex combatientes

El 5 de diciembre del año pasado, la vecina de Haedo recibió la noticia de que bajo una de aquellas lápidas grises estaba el cuerpo su hijo mayor. “Saber que era él fue el final de un ciclo, nunca fue un NN para mí”, expresa con emoción.

Todavía recuerda ese momento, cuando con la mano izquierda sujetaba la de su hijo menor, Diego, y con la otra la de Julio Aro, presidente de la Fundación “No me Olvides”, integrada por familiares de caídos en la Guerra.

Daniel Ugalde era soldado de la Compañía de Ingenieros de Combate 601.Daniel Ugalde era soldado de la Compañía de Ingenieros de Combate 601.

Hacía cuatro años que la vecina había llevado su muestra de ADN para recibir el resultado de los trabajos de identificación que el Comité Internacional de la Cruz Roja realizó en el Cementerio de Darwin.

“Cerré los ojos bien fuerte, apreté la mano de Diego y escuché con atención. Las palabras que oí segundos más tarde fueron un antes y un después. Confirmaron algo que yo ya sabía: era Daniel, mi hijo yacía ahí”, cuenta Raquel. “Hice la promesa de que le devolvería la identidad y cumplí”.

Mirá también

Día histórico: los familiares de 90 caídos en Malvinas les rindieron homenaje en el cementerio de Darwin

El lunes 26 de marzo, junto con unas 200 familias viajó con su hijo menor Diego a las Islas Malvinas para rendir homenaje a los soldados que dejaron su vida en combate. Entre ellas, la sonrisa de Raquel llena de emoción envuelta en la brisa al visitar la tumba que antes llevaba la leyenda: “Soldado argentino solo conocido por Dios”.

Cementerio argentino de Darwin Islas Malvinas Los familiares de caídos ahora identificados en el cementerio para homenajear sus seres queridos .Cementerio argentino de Darwin Islas Malvinas Los familiares de caídos ahora identificados en el cementerio para homenajear sus seres queridos .

Daniel Alberto Ugalde había abandonado sus estudios en el Instituto Almirante Brown, en Haedo, porque requería de un gran esfuerzo económico de parte de sus padres y optó por comenzar a trabajar como repartidor de mercaderías en Barrio Norte.

Se incorporó el 5 de febrero de 1982 a la “Compañía Ingenieros Combate 601” en la Guarnición Militar de Campo de Mayo. Y de allí lo llevaron a Puerto Argentino. “Cuando nos dijo que iba a Malvinas golpeé la mesa de casa con mi puño, mis otros dos hijos se encerraron en el baño y mi marido Alberto, que murió de tristeza 15 años más tarde, quedó inmóvil”, cuenta.

Raquel todavía recuerda el momento de la despedida, el 10 de abril 1982. “Estuvimos todos juntos en la Escuela de Ingenieros. Yo sabía que no iba a volver”.

Una imagen del cementerio de Darwin durante la visita de familiares de los caídos argentinos.Una imagen del cementerio de Darwin durante la visita de familiares de los caídos argentinos.

El soldado de Haedo tenía la tarea de construir obstáculos, obras de fortificación y refuerzos en los frentes, entre otras funciones. Ocho cartas y un telegrama envió Daniel a su familia. En ellos contaba –como si fuera una postal– los detalles del paisaje y la naturaleza que lo rodeaba.

“Nunca nos habló sobre la guerra, solo decía que sacaría a los ingleses de nuestras tierras y describía lo que veían sus ojos”, rememora. Su hijo murió para defender a sus compañeros de la Compañía de Ingenieros de Combate 601. Sucedió el día de la rendición: los combatientes estaban en la punta de una colina y Daniel les dijo que los cubriría. Sin embargo, los ingleses le dispararon en el pecho con un mortero.

Durante estos 36 años, la vecina estuvo acompañada por los compañeros de combate de su hijo. “Ellos me adoptaron. El único que no volvió fue Daniel. “Saber que él formó parte del grupo es un orgullo”, cuenta. “Somos una familia malvinera”. Con su promesa cumplida, esta madre encuentra la fuerza al ver la tumba que lleva el nombre su hijo, un héroe.

El recuerdo de sus compañeros

Durante la guerra de Malvinas, Daniel Ugalde se caracterizó por su humildad y altruismo. A pesar de ser un joven introvertido, en sus cartas pedía que le enviaran cigarrillos, pero no para él sino para sus compañeros quienes lo recuerdan en las redes sociales y todavía mantienen contacto con Raquel García, su madre.

“Daniel quedó como un eterno centinela en nuestras Islas Malvinas. No somos compañeros, somos hermanos”, expresa Carlo Quirós, quien se tatuó en su brazo el nombre de Daniel junto a la Gran Isla Malvina y la Soledad.

“Desde el momento que nos conocimos, nos juntamos para comer un asado y hablamos por horas”, cuenta Raquel. Daniel fue el único de la Compañía de Ingenieros Combate 601 que no regresó. Roberto Barrientos, Gabriel Felice, Héctor González y Roberto Romero son algunos de los que compartieron días de combate con él. “El 14 de junio a la mañana nos despedimos por última vez de Daniel, cuando parecía que todos finalmente volveríamos a casa”, dice Romero.

En las cartas preguntaba por su querido San Lorenzo

El soldado Ugalde se crió en Haedo y en medio de su tiempo libres de estudio en el Instituto Almirante Brown y su trabajo disfrutaba las tardes jugando al fútbol con los chicos del barrio.

Fanático de San Lorenzo, en las cartas enviadas a su familia mientras estaba en Malvinas solía preguntar por los resultados del equipo azulgrana para estar al tanto. En diciembre del 2017, tras la identificación de su cuerpo en Darwin, la familia Ugalde recibió una carta y una camiseta oficial del equipo en recuerdo a Daniel.

Aquella mención, firmada por Matías Lammens, presidente del club, recalca la pasión del soldado de 20 años por el equipo de Boedo. “Si bien recibimos ocho cartas de mi hijo, siempre quería saber cómo iba el Ciclón”, dice Raquel. “Todos los domingos escuchaba la radio y le encantaba jugar a la pelota como a todo joven de su edad. Cuando contás estas cosas te das cuenta de que eran chicos más que soldados. Jóvenes que enviaron a una guerra”, expresa la madre que al fin pudo identificar a su hijo.


Nota publicada en Clarin.com

Tags

Compartí en tus redes

Share on whatsapp
Share on telegram
Share on facebook
Share on twitter

“En la era de la información, la ignorancia es una opción”

Dr. Joe Dispenza

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Unite a nuestras redes

Suscríbete a nuestra Web  para recibir las últimas noticas en tu correo electrónico!

Shopping Cart