1 noviembre, 2026

La política, entre el delito y la derrota

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La política, entre el delito y la derrota. El poder o la cárcel.

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Resumen

  • Esa opción, nueva y desalentadora, se está acomodando en un mundo de inesperados outsiders, aunque también les cabe a traqueteados dirigentes políticos.
  • ¿Es culpa de la política porque se transformó en un antro delincuencial?
  • ¿O hay también cierta responsabilidad de la Justicia porque se convirtió en una herramienta de escarmiento de los que están en el poder?
  • Carlos Menem, Lula y Cristina Kirchner fueron los pioneros de esa opción entre la gloria y la ruina.

Aquellas preguntas son oportunas no solo por lo que acaba de suceder con el excandidato presidencial brasileño Flavio Bolsonaro, sino también porque la peligrosa disyuntiva se extiende por gran parte del mundo, incluida la Argentina.

Donald Trump y Benjamin Netanyahu también tienen causas pendientes que se reabrirán cuando dejen de gobernar. Más allá de ese dilema, lo que sucedió con Bolsonaro y el gobierno argentino de Javier Milei creó una crisis política innecesaria para la administración local.

Es cierto que el juez que le ordenó a Bolsonaro la entrega de sus pasaportes, Alexandre de Moraes, está igualmente siendo investigado por irregularidades financieras. Esa investigación sobre el magistrado está pendiente de una resolución del Tribunal Supremo de Brasil, que De Moraes integra.

Pero es igualmente veraz que otros dos jueces del Tribunal Supremo, Flávio Dino y André Mendonça, le iniciaron expedientes por supuestos delitos a Bolsonaro hijo. El prófugo excandidato presidencial está, en síntesis, acusado de corrupción, lavado de dinero, evasión de divisas y difamación.

De Moraes debió tomar la decisión de prohibirle la salida del país al vástago de Bolsonaro antes de las elecciones y no en la noche de la derrota. El primer deber de la Justicia es aclararle a la sociedad quiénes son sus dirigentes políticos, sobre todo cuando uno de ellos está cerca de la oficina presidencial.

Una manera de comportarse como la de De Moraes solo exhibe a una justicia oportunista y especuladora. Es probable que Bolsonaro no sea un perseguido político, sino un culpable de graves delitos, y también es probable que las oficinas de migraciones brasileñas no hayan recibido una orden para impedirle salir del país al excandidato.

De Moraes le dio un plazo para entregar sus pasaportes (el oficial, como senador nacional, y el personal), pero todo indica que el hijo de otro preso, el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, aprovechó ese tiempo para urdir y consumar su fuga. La gratitud también tiene sus límites Esas son las incidencias de Brasil.

Fuente original: La Nación

Resumen elaborado por iNFOLINK News a partir de información publicada originalmente por www.lanacion.com.ar.

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