5 octubre, 2026

¿Cuándo se malogró Buenos Aires?

La pregunta recrea aquella de Mario Vargas Llosa respecto de Perú tantas veces aplicada a la Argentina.

Edición Infolink

Resumen

  • La historia profesional desconfía de los cortes abruptos en los procesos socioculturales.
  • Un mero juego de palabras que sugería los riesgos de un gravísimo problema de gestión jurisdiccional y de identificación ciudadana.
  • Eran los tiempos de entreguerras cuando el crecimiento de las grandes urbes o capitales empezaba a inquietar a las autoridades problematizando casos como el grater London…
  • Luego vinieron la crisis de 1930, la parálisis agrícola seguida por las migraciones internas, y el salvavidas dudoso de la sustitución de importaciones.

También, podría formularse a esa porción de menos del 1% del territorio nacional que concentra a 15 de sus 47 millones de habitantes con su consiguiente invertebración, hacinamiento, insuficiencia de servicios públicos y de sus emblemáticos “barones”.

De hecho, hacia la década de 1960, el panorama de la telaraña granbonaerense no era tan caótica; aunque las advertencias sobre ese eventual derrotero ya las había planteado el urbanista Carlos Della Paolera a mediados de los 20 a raíz de la saturación espacial de la “ciudad de Buenos Aires” y su desborde hacia sus “afueras” localizadas en “la “provincia”.

El descontrol fue diagnosticado con severidad por el gobernador Domingo Mercante tras las cifras arrojadas por el censo de 1947 sobre cuestiones como la bicefalia del “conglomerado” entre La Plata y Buenos Aires, el desarticulado uso del suelo, el desarrollo edificatorio entre sus por entonces catorce municipios, la ausencia de un plan regulador urbano y rural, y los impactos de una industrialización dispersa.

Por primera vez, se denominó oficialmente a la región “Gran Buenos Aires”; pero el plan quedó interrumpido a raíz del sugestivo conflicto entre el mandatario y la pareja gobernante nacional que lo eyectó del cargo. El gobernador radical intransigente Oscar Alende retomó la preocupación en 1958 delineando un “Conurbano” dividido en dos cordones industriales.

Durante el resto de los 60 la asignatura pendiente siguió en la palestra asociada con la más vasta sobre el “desarrollo nacional” y plasmada en diversos experimentos de erradicación de villas por edificios de monobloques.

Aun así, el tradicional sistema de loteos se siguió practicando aunque con rendimientos decrecientes al compás de su lejanía respecto de la Capital –principal sitio de empleo- la irracionalidad de los servicios ferroviarios y la insuficiencia de los de “colectivos”.

Ya durante el último régimen militar, el gobernador Ibérico Saint-Jean dictó la célebre Ley 8912/77 que restringía los loteos exigiendo que los predios contaran con servicios básicos completos y un mínimo de 200 m2. El traslado de esas instalaciones al precio de los lotes los tornó inaccesibles.

Fuente original: La Nación

Resumen elaborado por iNFOLINK News a partir de información publicada originalmente por www.lanacion.com.ar.

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