El sistema de salud argentino está muriendo. ¿Quiénes son los responsables? ¿Y las reformas estructurales?

En la Argentina, las crisis suelen anunciarse con estrépito: hiperinflaciones, corridas cambiarias o estallidos sociales.
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Resumen
- Porque los hospitales no bajan sus persianas ni las clínicas cierran de un día para el otro, la dirigencia política suele caer en el autoengaño de…
- Lo que hoy padecemos es una asfixia gradual provocada por eludir, sistemáticamente, las fallas estructurales de fondo mediante parches fiscales de corto plazo y prórrogas automáticas…
- El descalce entre los recursos disponibles y las obligaciones exigidas es insostenible.
- El caso del PAMI es un síntoma flagrante: frente a una masa creciente de pasivos con mayor sobrevida y enfermedades crónicas complejas, la base de aportantes…
Sin embargo, en el sistema de salud el colapso opera de otra manera: no hace ruido en las calles, pero socava día a día, en silencio, los cimientos de una estructura que lleva décadas desatendida.
A esto se sumó el impacto fiscal de la derogación de la asignación del impuesto PAIS, dejando un bache financiero que no se subsana con retórica.
En paralelo, el esquema contributivo exhibe contradicciones que nadie se anima a corregir por mero cálculo político: de los más de 4,7 millones de monotributistas, un 53% se concentra en la categoría A, donde el aporte a la salud ronda los 25.000 pesos –una cifra irrisoria frente al costo real de cobertura del Programa Médico Obligatorio (PMO)– y con un componente cero para financiar la cobertura pasiva del PAMI.
Mientras un asalariado formal aporta montos muy superiores de su salario para sostener su vejez y la de otros –en un salario bruto de 1.500.000, entre el aporte del empleado y del empleador suman 75.000 pesos–, el sistema tolera asimetrías que terminan subsidiadas por el Estado y los trabajadores en relación de dependencia.
Hay otra responsabilidad que contribuye al quiebre del PAMI que nadie quiere discutir: la de los sindicatos y sus obras sociales. Durante décadas administran los aportes de millones de trabajadores, pero cuando esos mismos trabajadores se jubilan y empiezan a necesitar más atención médica, demasiadas veces parecen convertirse en una carga de la que hay que desprenderse.
Es la expresión más cruel de una lógica sindical que parece profundamente interesada mientras hay dinero para administrar y absolutamente desinteresada cuando llega el momento de cuidar a quienes lo aportaron. Mientras el trabajador produce y aporta, es un afiliado valioso; cuando envejece, se convierte en un costo que otros deben asumir.
Y la supuesta libertad de elegir es, para muchos, una ficción: no pueden pagar una medicina prepaga y sus enfermedades preexistentes pueden encarecer todavía más las alternativas. El PAMI no puede ser la red de descarte de los sindicatos, donde terminan, cuando envejecen y dejan de ser rentables, los trabajadores que durante décadas aportaron. Esa lógica no tiene nada de solidaridad sindical.
Fuente original: La Nación
Resumen elaborado por iNFOLINK News a partir de información publicada originalmente por www.lanacion.com.ar.