Malvinas: Las últimas horas de un conflicto que precipitó el final de la dictadura

El desenlace del conflicto bélico se precipita en la segunda semana de junio en el campo de batalla. Mientras tanto, sus comandantes y embajadores encargados de llevar adelante el frente diplomático hacían denodados esfuerzos por evitar lo que asomaba como una derrota estrepitosa.

Las erróneas percepciones, extendidas y potenciadas por el cerco informativo, empiezan a resquebrajarse en su choque con la dura realidad del conflicto.

El brusco vuelco de los generales argentinos devenidos repentinos anti-imperialistas rehabilitó a tal punto las desconfianzas y prevenciones de Washington que el embajador Harry Schlaudeman llega a advertir a sus superiores, en un cable fechado a fines de mayo del ’82, sobre “los peligros de un golpe pro-soviético” luego de la derrota bélica: “En el largo plazo, los argentinos pueden girar hacia los soviéticos en busca de armas”arriesgó.

El subdirector de la CIA, almirante Robert Ray Imman apuntaba, también, sobre el riesgo “de que la propaganda soviética sobre el tema Malvinas erosione los esfuerzos norteamericanos por ganar consenso para su causa” mientras otros expertos, en este caso un miembro del Council of Foreign Relations de Nueva York, se preocupaban por el descuido con el que las posiciones de Washington eran explicadas a los gobiernos latinoamericanos: “el presidente (Reagan) puso tanto el acento sobre la amenaza soviética que el gobierno militar argentino puede muy bien haber concluido que nada más importaba realmente a la hora de decidir la operación militar del 2 de abril”. La decepción y el desengaño se expresarán semanas más tarde en boca del propio Galtieri, aquel general fascinado por el país del Norte apenas unos meses antes, que llegará a calificar a Estados Unidos como “sorprendentemente enemigo de la Argentina y su pueblo”.

Mientras estas eran las especulaciones en Washington, en Malvinas los soldados argentinos y británicos afrontaban los combates más duros; a los de la Bahía de San Carlos, entre el 21 y el 25 de mayo, le seguirán los de Puerto Darwin y Pradera del Ganso (Goose Green) con bombardeos navales y aéreos, entre el 27 y el 29, y los del monte Longdon y Tumbledown alrededor de Puerto Argentino. Pero los análisis de los comandantes seguían alejados de la realidad y las ideas sobre cómo afrontar las operaciones bélicas chocaban unas con otras.

El 9 de junio, el jefe del estado mayor del gobernador Mario Benjamín Menéndez, general Américo Daher explica en Buenos Aires la afligente situación en las islas y no encuentra otro eco en Galtieri que una reprimenda. Según Galtieri y el almirante Büsser, también presente en esa reunión, el panorama que pintaba Daher distaba de ser realista y aseguraba que el estado físico y moral de las tropas era excelente. Según Menéndez y Daher, los comandantes no caían en la cuenta de lo que estaba sucediendo. Lo que estaba sucediendo era que las fuerzas argentinas estaban siendo diezmadas y no podrían aguantar muchos días más la ofensiva británica.

El viernes 11 de junio, tres días antes de la derrota, llega a Buenos Aires el Papa Juan Pablo II y permanece durante 48 horas encabezando una multitudinaria misa por la paz en Luján y otra en el Monumento de los Españoles, en Palermo. Allí se dirige a los jóvenes de la Argentina y de Gran Bretaña: “Hagan con sus manos unidas una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra”.

El Papa Woytila se reúne en dos oportunidades con Galtieri y la Junta de Comandantes, pero no había ya mediación posible. La atención de los argentinos se repartía entre las noticias del desenlace bélico y el Mundial de Fútbol que comenzaba en España ese domingo con un debut frustrante para la Argentina: perdía allí con Bélgica 1 a 0. En Malvinas, el lunes 14 a las 9 de la noche, el general Menéndez firmaba la rendición ante el comandante Jeremy Moore.

Fueron 74 días de ocupación y 45 días de combate. El doble desastre, diplomático y bélico, tendrá como consecuencia inmediata la contabilización de las bajas, 649 soldados argentinos muertos  -de los cuales 323 eran tripulantes del crucero argentino ARA Gral. Belgrano, que fue hundido por el submarino nuclear británico HMS Conqueror- y más de mil heridos. Del lado británico fueron 235 soldados muertos. Teniendo en cuenta que, durante los tres años de la guerra de Corea, Inglaterra perdió 537 hombres, estas bajas en 45 días de operaciones indican la más elevada pérdida de soldados para ese país desde la Segunda Guerra Mundial.

Contra toda evidencia, Galtieri busca mantenerse en el poder y llega a pronunciar un discurso cargado de patetismo por cadena de radio y televisión, al día siguiente de la rendición, como si nada grave hubiera pasado, pretendiendo que se había perdido una batalla pero no una guerra y quien así no lo entendiera sería considerado traidor . Pero nadie estaba ya dispuesto a escucharlo o sostenerlo. La gente sale a la calle y una manifestación espontánea de protesta es reprimida con gases lacrimógenos en los alrededores de la Plaza de Mayo.

La fulgurante estrella del general majestuoso había sido un cometa fugaz y se había apagado lastimosamente; forzado por sus pares Galtieri termina renunciando y es reemplazado interinamente por su ministro del Interior, el general Alfredo Saint Jean, mientras la Armada y la Fuerza Aérea abandonan la Junta Militar y dejan al Ejército –al mando del general Cristino Nicolaides- a cargo de la conducción del último tramo del Proceso. Finalmente se logra colocar un nuevo presidente para encarar la transición, el general Reynaldo Bignone.

Raúl Alfonsín, cuyo liderazgo renovador despuntaba en el horizonte, se pronuncia, el mismo día 14:“Las Fuerzas Armadas no merecen este destino, y el país no merece este Gobierno; por ello debe irse ya, debe cesar la usurpación del poder…Es hora de escuchar la voz del pueblo Una voz que ya dice basta. Basta de decadencia, de irracionalidad y de muerte”. La dictadura militar empezaba su retirada definitiva.

Hace 40 años, el gobernador militar de las islas Malvinas, el general Mario Benjamín Menéndez, firmaba junto a Jeremy Moore el acta de capitulación que puso fin al conflicto bélico.
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