11 julio, 2026

La muerte de un hijo, esa herida que no cicatriza: de los cultos medievales a Freud, dos novelas tensan el duelo

La muerte de un hijo, esa herida que no cicatriza: de los cultos medievales a Freud, dos novelas tensan el duelo. La muerte de un hijo es la que no tiene nombre.

Edición iNFOLINK

Resúmen

  • La muerte de un hijo es la que no tiene nombre.
  • Es la que, paradójicamente, también deja más más huérfano a quien la padece.
  • Una tradición reciente tiende a nombrarlos como “ángeles” que, en adelante, cuidaran de sus padres.
  • Así ocurre con la posición privilegiada de sus tumbas en los cementerios, en los que, incluso en la baja Edad Media, se les reservan de manera…

La muerte de un hijo es la que no tiene nombre. Es la que, paradójicamente, también deja más más huérfano a quien la padece. Una tradición reciente tiende a nombrarlos como “ángeles” que, en adelante, cuidaran de sus padres.

En su libro La muerte de un hijo, la psicoanalista Ginette Raimbault realiza un breve recorrido histórico sobre cómo los niños fueron despedidos a lo largo de la historia de Occidente: “Otros hechos atestiguan, además, la importancia acordada a los niños.

Así ocurre con la posición privilegiada de sus tumbas en los cementerios, en los que, incluso en la baja Edad Media, se les reservan de manera exclusiva sectores enteros […].

Aunque no estén bautizados los niños no siempre son apartados por completo del cementerio, su entierro es objeto de un cuidado especial y se les otorgan los mejores lugares.” Esto se debe a la aparición de un culto específico, a partir del siglo XI, que es el debido a los Inocentes.

En la misma línea, en el siglo XII se difunde el culto del Niño Jesús, esto es al hijo de Jesús en su calidad de Niño.

En un libro exquisito, que nadie interesado en temas de niñez debería dejar de leer, como lo es El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen, el historiador Philipe Ariès dice: “Una miniatura otomana del siglo XI nos da una impresionante idea de la deformación que el artista hacía sufrir a los cuerpos de los niños y que nos parece ajena a nuestros sentimientos y a nuestra intuición.

El tema es la escena del Evangelio en la que Jesús pide que se le acerquen los niños, y el texto latino es claro: parvuli. Ahora bien, el miniaturista agrupa alrededor de Jesús a ocho hombres verdaderos, sin ningún rasgo de la infancia, los cuales han sido simplemente reproducidos a tamaño reducido.

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Resumen elaborado por iNFOLINK News a partir de información publicada originalmente por www.infobae.com.

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