«Me da miedo lo que voy a ver allá dentro»: BBC Mundo visita la morgue improvisada de Los Silos, donde los cadáveres se acumulan al aire libre tras los terremotos en Venezuela

"Me da miedo lo que voy a ver allá dentro": BBC Mundo visita la morgue improvisada de Los Silos, donde los cadáveres se acumulan al aire libre tras los terremotos en Venezuela. "No hermano, no hermano, ¡no!
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Resúmen
- ¿Por qué me haces esto?", grita una mujer mientras su esposo intenta sostenerla para que no se desplome sobre el suelo.
- Allí, bajo un intenso sol tropical, decenas de familias esperan con una mezcla de angustia y temor.
- Han venido a confirmar la muerte de sus seres queridos.
- Las autoridades han dispuesto sillas tanto dentro como fuera de las instalaciones, en las que hay varias carpas.
"No hermano, no hermano, ¡no! ¿Por qué me haces esto?", grita una mujer mientras su esposo intenta sostenerla para que no se desplome sobre el suelo.
La escena se repite una y otra vez en las afueras de Los Silos, una imponente estructura de concreto en La Guaira que, en medio del desastre causado por el doble terremoto del 24 de junio, ha dejado de ser una instalación portuaria de almacenamiento para convertirse en una morgue improvisada.
Allí, bajo un intenso sol tropical, decenas de familias esperan con una mezcla de angustia y temor. Han venido a confirmar la muerte de sus seres queridos. Las autoridades han dispuesto sillas tanto dentro como fuera de las instalaciones, en las que hay varias carpas. La espera es larga. Quizá demasiado larga para quienes ya llevan días entre hospitales, refugios y ruinas.
En la fila, la tristeza es contagiosa. Nadie habla. Algunos miran al vacío. Otros revisan sus teléfonos leyendo noticias o respondiendo mensajes. A pocos metros, personal de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, con fusiles largos, controla el acceso.
"Me da miedo lo que voy a ver allá adentro, pero es la única manera de terminar con esta agonía", me dice una mujer antes de cruzar la puerta. "Lo he buscado en todos lados: en el edificio, en los hospitales, he hablado con todo el mundo… y nadie sabe nada". Adentro, el olor a descomposición es lo primero que golpea.
Varios familiares se llevan las manos a la boca. La mayoría se ha cubierto con mascarillas de tela que no son suficientes. En minutos, muchos dejan de reaccionar: se acostumbran al olor nauseabundo. A pocos metros, en hileras yacen cientos de cadáveres cubiertos con bolsas de plástico y expuestos al sol y al calor intenso de La Guaira, acelerando su descomposición.
Los cuerpos están organizados por fecha de rescate. En un extremo, un toldo ofrece cremación gratuita. En otro, un pequeño módulo de odontología forense intenta indentificar cuerpos que ya casi no tienen rasgos humanos. Quienes creen poder identificar a sus seres queridos por la ropa que llevaban son enviados a una zona. El resto —la mayoría— se sienta frente a dos televisores.
Resumen elaborado por iNFOLINK News a partir de información publicada originalmente por www.bbc.com.
