Una pionera en el estudio del autismo cuestiona el concepto de “espectro”: “Se volvió demasiado amplio”

Dame Uta Frith, una de las investigadoras que contribuyó a desarrollar la comprensión moderna del autismo, sostiene que la definición básica sigue siendo válida, pero advierte que la ampliación del concepto de espectro podría haber reducido su precisión diagnóstica.
Una de las figuras más influyentes en la investigación moderna sobre el autismo abrió un profundo debate al cuestionar hasta qué punto sigue siendo útil hablar de un “espectro autista”.
La profesora Dame Uta Frith, reconocida investigadora del desarrollo cognitivo y una de las especialistas que contribuyeron a transformar la comprensión moderna del autismo, sostiene que el concepto de espectro se ha ampliado de tal manera que corre el riesgo de perder parte de su significado clínico.
Frith ha dedicado décadas al estudio del autismo y sus investigaciones tuvieron una importante influencia en la comprensión contemporánea de esta condición del neurodesarrollo.
Una definición que no cambió, pero cuya interpretación sí
La científica no plantea que el autismo haya dejado de existir ni cuestiona las dificultades reales que pueden experimentar las personas autistas. Su planteo se concentra principalmente en cómo fue ampliándose la interpretación del diagnóstico.
Según explica, la definición fundamental continúa describiendo al autismo como una condición del neurodesarrollo presente durante toda la vida, caracterizada principalmente por diferencias o dificultades relacionadas con la comunicación y la interacción social, junto con comportamientos, actividades o intereses restringidos y repetitivos.
Lo que habría cambiado, sostiene Frith, es la manera en que esa definición comenzó a aplicarse. Con el paso de las décadas, los criterios fueron haciéndose progresivamente más inclusivos hasta abarcar manifestaciones muy diferentes entre sí.
¿Por qué nació la idea de un “espectro”?
El concepto permitió abandonar una visión excesivamente rígida del autismo y reconocer que no todas las personas presentan exactamente las mismas características ni necesitan el mismo nivel de apoyo.
Una de las razones para ampliar aquella concepción era precisamente poder incorporar casos que no respondían perfectamente a las categorías tradicionales.
Ese cambio fue fundamental para comprender que el autismo podía manifestarse de formas muy diversas. Sin embargo, décadas después, Frith considera que aquella ampliación podría haber llegado demasiado lejos.
El problema que plantea es esencialmente clínico: si dentro de una misma categoría diagnóstica pueden encontrarse personas con características, capacidades y necesidades extraordinariamente diferentes, ¿hasta qué punto esa categoría continúa proporcionando información suficientemente precisa?
Neurodiversidad y diagnóstico no son exactamente lo mismo
Frith también establece una distinción entre el concepto de neurodiversidad y el diagnóstico médico.
La investigadora reconoce que los cerebros humanos son diferentes y que, en ese sentido amplio, existe una diversidad neurológica natural entre las personas.
Sin embargo, advierte sobre el riesgo de que esa diversidad natural termine confundiendo los límites necesarios para establecer diagnósticos clínicamente útiles.
Su argumento, por lo tanto, no consiste en negar las diferencias neurológicas entre las personas, sino en preguntarse dónde debe establecerse el límite entre una característica individual y una condición del neurodesarrollo que requiere diagnóstico y, en determinados casos, asistencia especializada.
Personas con necesidades extremadamente diferentes
Uno de los aspectos centrales del debate contemporáneo es la enorme diversidad existente entre las personas actualmente incluidas bajo el diagnóstico de trastorno del espectro autista.
Algunas pueden estudiar, trabajar, vivir de manera independiente y desarrollar una vida profesional y social con distintos grados de apoyo.
Otras presentan discapacidad intelectual, importantes dificultades para comunicarse y necesidades de asistencia permanente durante prácticamente toda su vida.
Precisamente esta enorme diferencia ha impulsado discusiones dentro de la comunidad científica acerca de cómo describir mejor los distintos niveles de necesidades asociados al autismo.
Un debate que también genera posiciones diferentes
El planteo de Frith forma parte de una discusión científica más amplia. Otros investigadores, profesionales y personas autistas destacan que la ampliación del concepto permitió reconocer a individuos que anteriormente podían quedar fuera del diagnóstico, particularmente aquellos cuyas manifestaciones no coincidían con los modelos clásicos utilizados originalmente para identificar el autismo.
También existe el argumento de que compartir determinadas características del desarrollo, neurológicas o conductuales no significa necesariamente que todas las personas deban experimentar exactamente las mismas dificultades para formar parte de una misma categoría diagnóstica.
Por eso, la discusión no se reduce simplemente a determinar si el “espectro” existe o no. El verdadero interrogante es cómo construir categorías diagnósticas suficientemente amplias para reconocer la diversidad y, al mismo tiempo, suficientemente precisas para identificar las necesidades particulares de cada persona.
El autismo continúa siendo un diagnóstico reconocido
Las declaraciones de Dame Uta Frith deben interpretarse dentro de ese debate científico y no como una afirmación de que el autismo haya dejado de existir.
El trastorno del espectro autista continúa siendo reconocido clínicamente como una condición del neurodesarrollo. Lo que Frith pone en discusión es si el modelo actual, agrupado bajo una única denominación de “espectro”, continúa siendo la herramienta más adecuada para representar una población extraordinariamente heterogénea.
La particularidad es que esta advertencia proviene de una investigadora cuyo trabajo ayudó precisamente a ampliar la comprensión científica del autismo.
Décadas después, Frith vuelve sobre aquella evolución y plantea una pregunta relevante para la medicina, la psicología y la investigación contemporáneas: ¿puede una categoría volverse tan amplia que finalmente pierda precisión para explicar aquello que originalmente pretendía definir?
Fuente: artículo original publicado por The Telegraph, 5 de marzo de 2026. Leer la publicación original en The Telegraph.


