España y los emigrantes

MADRID.- Recapitulemos: la crisis de Ceuta no fue de partida una crisis migratoria; fue una crisis geopolítica: Marruecos olfateó la debilidad nacional e internacional del gobierno español y organizó, alentó o toleró la entrada…
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Resumen
- Dicho esto, era inevitable que la internacional nacionalpopulista aprovechara la crisis para proseguir su tarea de demonizar la emigración intentando demostrar que constituye la causa de…
- Es una mentira flagrante y una perversión sin paliativos.
- Ahora bien, mientras permitamos que miles de personas mueran cada año tratando de llegar a nuestras costas -más de 1.313 desde enero hasta mayo de 2026-,…
- Es una canallada, y cada día que pasa sin que pongamos todos los medios a nuestro alcance para acabar con ella nos convierte en sus cómplices.
Solo más tarde, cuando la mayoría de los que entraron había salido, la crisis geopolítica se trocó en una crisis migratoria todavía irresuelta, agravada por la torpeza y la gandulería de un Gobierno cuyo presidente siguió de vacaciones durante semanas en vez de hacer lo que debía haber hecho de inmediato: plantarse en Ceuta con su Gobierno en pleno y encerrarse allí a cal y canto hasta haber controlado la situación.
Infinidad de razones justifican este aserto; menciono tres. La primera y más importante es moral.
Todas las civilizaciones conocen el deber de acogida; es un imperativo ético elemental, literalmente sagrado: sin ir más lejos, las Escrituras llaman en numerosas ocasiones a dar de comer al hambriento y de beber al sediento, como predica Jesucristo (Mateo 25:35).
He ahí la primera razón para acoger a los emigrantes: para no convertirnos en una banda de desalmados. La segunda razón es económica.
Como se sabe, la economía española es ahora mismo una de las que más crecen en Europa, aunque los ciudadanos de a pie no se beneficien lo suficiente de ello (cosa que debería abochornar a un gobierno de izquierdas); pues bien, los economistas convienen en que, de los cuatro pilares que sostienen esa bonanza, uno es la emigración (los otros tres son el turismo, los fondos Next Gen y el bajo precio de la energía).
Esta es la segunda razón: si echamos a los emigrantes, el país se arruina. Lo anterior no es una hipócrita declaración biempensante que pretenda ocultar la evidencia de que la mayoría de los emigrantes realiza trabajos subalternos; tampoco un rapaz argumento mercantilista. La tercera razón es político-cultural.
Es verdad que, como escribió George Steiner, Europa nace de la conjunción entre Atenas y Jerusalén, entre Sócrates y Jesucristo, entre razón y revelación; pero esa es la verdad parcial con que el nacionalpopulismo construye una gran mentira: la de que, para dar lo mejor de sí misma, Europa debe ser blanca y cristiana.
Fuente original: La Nación
Resumen elaborado por iNFOLINK News a partir de información publicada originalmente por www.lanacion.com.ar.