El modelo económico, la comparación imposible con Brasil

El modelo económico, la comparación imposible con Brasil. Brasil puede cambiar de color político el último domingo de octubre.
Edición Infolink
Resumen
- Es el país más grande de la región y se consolida como una de las diez economías más grandes del mundo.
- Con Brasil se completaría de esa forma en la región el cambio de signo iniciado por Javier Milei en 2023 y que en el último año…
- Es gratis opinar y en gran medida es imprescindible.
- Los libertarios festejan el regreso de una fuerza hermana como una validación de sus pasos en la Argentina.
La mutación de la izquierda a la derecha, si es que Flavio Bolsonaro confirma en segunda vuelta su ventaja sobre Lula, será una de las grandes novedades electorales que cerrarán el año junto a los comicios de medio término en los Estados Unidos y las votaciones en los sistemas parlamentarios de España e Israel.
El interés de estos comicios, por su importancia y por el vínculo del gobierno argentino con los rivales de Lula, disparó comparaciones, analogías y proyecciones de todo tipo respecto de la próxima elección presidencial en la Argentina.
Hay por el contrario quienes entienden que los reemplazos de los gobiernos son un signo de inquietud social continental que no tolera errores y abre posibilidades a los opositores en cada país. Brasil no es un país perfecto; es un país grande que creció a partir de un modelo expansivo, más allá de sus distintos presidentes, pero también impulsado por algunos de ellos.
El cambio político será rotundo si el hijo de Jair Bolsonaro reemplaza a un presidente que casi lo duplica en edad y lo cuadruplica en experiencia en el poder. Es lo que intentó su padre, preso en su casa por una condena por intento de golpe de Estado. Milei celebra por anticipado el triunfo como una proyección de sus ideas libertarias.
Hay sin embargo una comparación imposible entre el proceso brasileño y el argentino. Para lo bueno y para lo malo, el curso del modelo productivo y económico de Brasil no modificará su esencia. El nuevo presidente podrá profundizarlo y encontrar mejores resultados, o tal vez no pueda con las dificultades y el país sufra un cierto freno.
Pero el rumbo de ese gigante que despertó hace más de sesenta años no cambiará.
A fines de los años 50, Brasil ató su destino a la producción, cuando arrancó un proceso expansivo de industrialización y ya no se detuvo, aun al precio de mantener enormes desigualdades que subsisten y se exponen en problemas gigantescos como la pauperización de gran parte de la población de sus grandes ciudades, el crecimiento de las organizaciones mafiosas de narcotraficantes y las inquietantes tasas de inseguridad y violencia urbana.
Fuente original: La Nación
Resumen elaborado por iNFOLINK News a partir de información publicada originalmente por www.lanacion.com.ar.