Los poemas que Han Kang escribió en Buenos Aires: las Madres de la Plaza, el general Roca y hasta el shopping

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Resumen elaborado por iNFOLINK News a partir de información publicada originalmente por www.infobae.com.
Los poemas que Han Kang escribió en Buenos Aires: las Madres de la Plaza, el general Roca y hasta el shopping. Cuando Han Kang llegó a Buenos Aires era una completa desconocida.
Resúmen
- Cuando Han Kang llegó a Buenos Aires era una completa desconocida.
- Fue en el año 2013, unos cuantos días entre el jueves 25 de abril y el lunes 13 de mayo en que se desarrolló la Feria…
- Una escritora coreana que por primera vez era editada en español.
- Un sello independiente, Bajo La Luna, publicó su libro más famoso, la novela La vegetariana, que años después se volvería bestseller, sobre todo luego de que…
Cuando Han Kang llegó a Buenos Aires era una completa desconocida. Fue en el año 2013, unos cuantos días entre el jueves 25 de abril y el lunes 13 de mayo en que se desarrolló la Feria del Libro, su edición número 39. Una escritora coreana que por primera vez era editada en español.
Un sello independiente, Bajo La Luna, publicó su libro más famoso, la novela La vegetariana, que años después se volvería bestseller, sobre todo luego de que ganara el Premio Nobel de Literatura, en 2024. La periodista Patricia Kolesnicov la recuerda ”tímida, cordial, tranquila“. Miguel Balaguer, editor de Bajo La Luna usa la palabra “introvertida”.
Andrés Hax, también periodista, cuenta que ante cada pregunta que le hacían, ella emitía un pequeño sonido de sorpresa antes de responder. Decía: “ohhh”. Siempre con un traductor al lado, por supuesto. Dio muy pocas notas; en Google no aparece ninguna. Su presencia en la Feria estuvo relacionada con fortalecer el lazo entre Argentina y Corea del Sur.
En aquellos días de otoño, de hojas secas y sol gastado, Han Kang abandona temprano el hotel que la aloja y sale a caminar por Buenos Aires. Por la tarde tendrá que ir a la feria, a La Rural, a hacer sociales, a dialogar con autores, editores, funcionarios, a sumergirse entre libros de un idioma que le es completamente ajeno.
En cambio, en la calle, en esa pretendida universalidad cosmopolita, hay algo que la llama y la seduce. Aprovecha las horas muertas de su visita, las horas vivas de una ciudad inabarcable. Su extranjería la infantilizaba, pero tenía 42 años. En su país era una escritora de renombre, con varias novelas publicadas, pero recién estaba cruzando a Occidente.
Le habían traducido libros al polaco y al portugués, nada más. Argentina se presentaba como el pasillo a lo nuevo. Cuando llegó ya estaba trabajando en un poemario que saldría a fines de ese año. Guardé el anochecer en el cajón, ese es su título, recopila poemas escritos en esos tiempos, pero incluye doce que concibió en Argentina.
Algo sabía sobre estas frías tierras australes porque la primera palabra que aparece en su novela La clase de griego es Borges. La historia versa sobre una estudiante que dejó de hablar y un profesor que está quedando ciego. Siendo lectora del más célebre escritor argentino, cruzó el Pacífico. ¿Habrá planificado? ¿Tendría expectativas? ¿Anhelaba una experiencia borgeana?

